No tuvo que cambiar para ser amada

  No tuvo que cambiar nada para ser amada pertenece a una colección de cuentos para quedarte, descansar y no tener que demostrar nada.

Durante mucho tiempo creyó que el amor
llegaría cuando fuera distinta.

Un poco más fuerte.
Un poco más entera según el mundo.
Un poco menos visible en aquello que no encajaba.

Había aprendido a corregirse
antes de ser mirada.


A anticipar el juicio.
A suavizar lo que podía incomodar.

Pensaba que amar
era adaptarse.

Hasta que un día, sin buscarlo,
alguien no pidió cambios.

No preguntó.
No corrigió.
No sugirió versiones mejores.

Se quedó.

No porque no viera,
sino porque veía de verdad.

Y en esa presencia —tranquila, sin condiciones—
algo en ella dejó de tensarse.

Comprendió entonces que el amor verdadero
no llega cuando encajamos,
sino cuando dejamos de escondernos.

No tuvo que demostrar valor.
Ni explicar su historia.
Ni justificar su forma de ser.

Por primera vez,
el amor no fue una meta,
sino un lugar donde descansar.

Y entendió algo que ya no olvidó:


no tuvo que cambiar
para ser amada.


Solo tuvo que permitirse ser.