
Busca una postura cómoda.
No para meditar,
sino para estar.
Respira…
sin intención de ir a ningún sitio.
Hoy no vamos a trabajar nada.
No vamos a soltar nada.
No vamos a comprender nada.
Hoy vamos a habitar.
Lleva la atención a la sensación simple
de estar aquí.
En este cuerpo.
En este momento.
Y repite internamente, muy despacio:
Ahora estoy en mí.
No como afirmación.
Como reconocimiento.
Siente el apoyo del cuerpo.
La respiración que sucede sola.
La vida ocurriendo sin que tengas que dirigirla.
No falta nada ahora.
No sobra nada.
Quédate unos instantes aquí,
en esta presencia desnuda
donde no hay exigencia,
ni búsqueda,
ni comparación.
Solo estar.
Cuando lo sientas,
inhala profundamente…
y exhala despacio.
Vuelve a lo que tengas que hacer,
llevándote contigo
esta certeza suave:no hay ningún lugar más seguro
que estar en ti.
