Nuestro niño interior: cómo comprender nuestra historia emocional

“Todos llevamos dentro al niño que fuimos.”
Donald Winnicott

Aquel niño que fuimos

¿Qué ocurre cuando miramos hacia atrás y recordamos al niño que fuimos?

Ese niño interior que forma parte de nuestra historia emocional, aunque muchas veces no sepamos verlo, sigue influyendo en cómo nos sentimos hoy.

A veces, cuando empezamos a comprender algunas cosas de nuestra vida adulta, despertamos heridas generadas en nuestros primeros años de vida y aparece una imagen inesperada.

La de un niño.

Aquel niño que fuimos.

No siempre aparece como un recuerdo claro.
A veces llega como una sensación.

Una mezcla de ternura y tristeza al mirar hacia atrás.

Porque cuando observamos nuestra historia con los ojos de hoy, vemos algo que entonces no podíamos ver.

Vemos a un niño intentando entender muchas cosas solo.

Intentando comprender el mundo emocional de los adultos.


Intentando encontrar su lugar en lo que ocurría alrededor.

Cómo la infancia influye en el adulto que somos

Algunos crecimos sintiéndonos queridos.


Otros crecimos entre silencios, tensiones o ausencias que no sabíamos explicar.

Pero todos tuvimos que hacer algo parecido:


adaptarnos al mundo que nos tocó.

A veces intentando hacerlo todo bien.
A veces aprendiendo a no molestar.
A veces guardando emociones que no sabíamos dónde poner.

No porque lo eligiéramos conscientemente.

Sino porque cuando somos pequeños aprendemos a adaptarnos a lo que hay.

Porque al final un niño solo intenta algo muy sencillo:

seguir sintiendo amor… o al menos conexión. Y es que muchas de las heridas de la infancia están relacionadas con necesidades emocionales no cubiertas.

Mirar al niño interior con otros ojos

Cuando miramos esa historia con calma, aparece una emoción muy humana.

Una especie de ternura que se abre paso por dentro.

Y entonces aparece un pensamiento breve,
cargado de una mezcla de nostalgia y resignación.

Y casi como un suspiro,
nos decimos:

pobres niños.

Niños intentando comprender situaciones demasiado grandes para su edad.

Niños intentando sostener emociones que nadie les enseñó a nombrar.

Pero mirar al niño que fuimos no tiene que quedarse en la queja.

Es una oportunidad para empezar a cuestionar nuestra percepción del mundo, nuestros valores y aprender a mirarnos con más comprensión.

Hizo lo que pudo con lo que tenía.

Intentó comprender el mundo que tenía a su alrededor.


Intentó encontrar la manera de seguir adelante.

Y quizá hoy podamos hacer algo que entonces no sabíamos hacer.

Detenernos un momento.

Mirar esa parte de nuestra historia con más calma.

Porque aquel niño sigue viviendo en nosotros.

Aprender a mirarlo con compasión


es también una forma de sanar al adulto que hoy somos.

Emoycionesconmar

Gracias.