Cómo afectan las palabras a nuestro bienestar emocional

Las palabras tienen un impacto profundo en nuestra vida. Cómo afectan las palabras a nuestro bienestar emocional es algo que muchas veces pasamos por alto, condicionando la forma en que interpretamos lo que vivimos.

El poder de las palabras actúa como una señal de nuestro mundo interior, influyendo en cómo sentimos, pensamos y nos relacionamos con los demás.

Cuántas veces las palabras nos han hecho felices o nos han entristecido.
Cuántas veces nos han curado o nos han herido.

Las palabras tienen el poder de crear y el poder de destruir, actuando como simientes que atraen hacia nosotros experiencias buenas o dolorosas.

¿Somos realmente conscientes de la influencia que tienen las palabras en nuestro día a día?


La elección que hacemos de ellas para describir una experiencia vivida es profundamente importante.


El poder emocional de las palabras

Las palabras pueden activar nuestra fortaleza emocional y nuestro ingenio, o pueden arrebatarnos el poder de decisión y de acción.

Pensamientos y palabras determinan nuestra actitud y nuestras acciones en cada experiencia que vivimos y, por ende, nuestra realidad.

Por eso es tan importante preguntarnos:


¿somos conscientes de los efectos que nuestras palabras tienen en otras personas y en nosotros mismos al pronunciarlas?


Las palabras y la emoción que las acompaña

Las palabras siempre van acompañadas de una emoción proporcional a ellas.


No es lo mismo decir:

  • “Estoy cabreado” que decir “estoy molesto”.
  • “Odio” que decir “prefiero”.
  • “Estoy herido” que decir “estoy fastidiado”.
  • “Estoy perdido” que decir “estoy buscando”.
  • “Soy un fracasado” que decir “estoy aprendiendo”.

Dicen que “las palabras se las lleva el viento”.


¿Tú lo crees?


Las palabras no se las lleva el viento

A las palabras NO se las lleva el viento.

Pueden quedarse ancladas en nuestra mente y en nuestro corazón durante toda una vida, dirigiéndonos por un camino u otro según cómo las utilicemos para describir nuestras experiencias.

Las usamos con nosotros mismos y con los demás:


con personas que apenas nos importan y con aquellas por las que daríamos la vida.


Cuando las palabras dejan huella

Trabajé durante trece años en oncología pediátrica.


Recuerdo el dolor de los padres despidiéndose de sus hijos moribundos, pidiéndoles perdón por palabras dichas en momentos de cansancio, rabia o desesperación.

Sus voces rotas repetían una y otra vez:


“Te quiero, mi vida. Perdóname por haberte insultado. Perdóname por enfadarme contigo. Te quiero…”

No hay mayor dolor que el del arrepentimiento.

Si algo aprendí en todos aquellos años fue a cuidar las palabras que salen de mi boca y a ser profundamente agradecida.


El niño herido y las palabras

En las relaciones humanas, la frustración, el cansancio y las preocupaciones nos hacen lanzar palabras hirientes que llegan al corazón tanto de quien las recibe como de quien las pronuncia.

¿Quién no tiene palabras que marcaron su camino y que, al escucharlas de nuevo, despiertan el mismo dolor que cuando fueron repetidas una y otra vez en la infancia o en la adolescencia?

Somos adultos con un niño herido que sigue pidiendo ayuda.


Muchas veces, por ignorancia, confundimos ese dolor con llamadas de atención y respondemos con palabras que hieren.


Lenguaje, creencias y salud emocional

Numerosas investigaciones han demostrado que los efectos de las palabras pueden convertirse en una forma de violencia psíquica, con repercusiones en la salud emocional y física tanto de quien las escucha como de quien las pronuncia.

Cuando vivimos utilizando un vocabulario cargado de palabras negativas, solemos quedar atrapados en el pesimismo, la frustración y las creencias limitantes:

“No puedo”,
“No valgo”,
“No soy capaz”,
“Soy un fracaso”,
“No merezco”.

Las palabras que usamos modelan nuestra manera de sentirnos y de vivir.


“Las palabras forman el hilo con el que tejemos nuestras experiencias.”
Aldous Huxley


Responsabilidad emocional al hablar

Prestar atención a las palabras que salen de nuestra boca es un acto de responsabilidad emocional.


Aprender a expresarnos mejor es una forma de cuidar nuestras relaciones y, sobre todo, de cuidarnos a nosotros mismos.

Al hablar, podemos construir o destruir nuestros sueños y los de los demás. Y no tiene que darse solo en situaciones extremas.

También ocurre en lo cotidiano.


En la infancia.


En lo que escuchamos sin darnos cuenta.

Lo sé porque yo también crecí sintiendo que no encajaba del todo.

Desde pequeña conviví con cicatrices visibles en mis manos.

Y aunque parecían solo algo físico, durante mucho tiempo marcaron la forma en la que me veía a mí misma.

No era solo lo que se veía,


sino lo que aprendí a pensar sobre mí


a través de palabras, miradas y silencios.

Y es que también podemos transmitir creencias limitantes que nos acompañan durante años, si no las hacemos conscientes y las cuestionamos.

Elegir las palabras con conciencia es, en el fondo, elegir cómo queremos vivir.

Porque cómo afectan las palabras a nuestro bienestar emocional depende, en gran medida, de cómo las usamos cada día.

Y también de las palabras que, sin darnos cuenta, hemos aprendido a creer.

Durante mucho tiempo creí esas palabras.

Las repetí sin darme cuenta.

Las hice mías.

Hasta que empecé a cuestionarlas.

Y poco a poco, empecé a mirarme distinta.

Este cuento nace de ese proceso…

y de dejar de esconderme.

“Las manos que no se escondieron más”


Emoycionesconmar
Gracias