
Busca una postura cómoda.
No para hacerlo bien,
sino para no interferir.
Respira…
sin intención de cambiar nada.
Hoy no vamos a gestionar la emoción.
No vamos a entenderla.
No vamos a corregirla.
Hoy vamos a escuchar.
Lleva la atención a lo que esté presente ahora.
No importa qué sea.
Una sensación.
Una emoción.
Un pensamiento repetido.
Déjalo estar,
como si no tuvieras que intervenir.
Y repite internamente, con suavidad:
—Puedo escuchar sin corregir—.
Observa cómo se siente el cuerpo
cuando no intenta arreglar nada.
A veces, la emoción se suaviza.
A veces, no.
No es un problema.
Escuchar ya es un acto de cuidado.
Quédate unos instantes aquí,
en esta frecuencia de presencia
donde no hay exigencia de cambio,
solo atención honesta.
Cuando lo sientas,
inhala profundamente…
y exhala despacio.
Vuelve poco a poco,
llevándote contigo
la certeza de que
sentir no es hacerlo mal.
