
Adopta una postura cómoda.
No para vaciar la mente,
sino para observarla.
Respira suavemente.
Sin corregir nada.
Imagina ahora que tu mente
es una habitación.
Observa qué hay dentro.
Pensamientos.
Frases.
Ideas que aparecen una y otra vez.
No intentes ordenarlas.
Solo míralas.
Y repite internamente:
Puedo observar mis pensamientos
sin creerlos todos.
Permite que las ideas vayan y vengan
como si fueran visitas.
Algunas se quedarán.
Otras se irán solas.
No tienes que decidir nada ahora.
Respira…
y deja que la conciencia
sea más amplia que el pensamiento.
Quédate unos instantes aquí,
en este espacio interno
donde la mente se calma
—no por control,
sino por comprensión—.
Cuando lo sientas,
inhala profundamente…
y exhala despacio.
Vuelve poco a poco,
llevándote contigo,
la certeza de que pensar
no es lo mismo que ser.
