
Busca una postura cómoda.
No para revisarte,
sino para quedarte.
Respira…
sin intención de cambiar nada.
Hoy no vamos a sanar la historia.
No vamos a entenderla mejor.
No vamos a reescribirla.
Hoy vamos a habitarla.
Lleva la atención a tu vida
tal como ha sido.
No a los detalles.
A la sensación general de haber vivido.
Permite que esté ahí.
Sin juicio.
Y repite internamente, con suavidad:
Mi historia cabe en mí.
No como peso.
Como experiencia.
Respira…
y siente cómo sería
no tener que explicar tu pasado
para estar en paz.
Tu historia no necesita defensa.
Ni corrección.
Ni permiso.
Quédate unos instantes aquí,
en esta frecuencia de integración
donde todo lo vivido
encuentra lugar.
Cuando lo sientas,
inhala profundamente…
y exhala despacio.
Vuelve poco a poco,
llevándote contigo
la certeza de que
no eres tu herida,
sino la conciencia que ha nacido de ella.
