
Busca una postura cómoda.
No para meditar bien,
sino para estar.
Respira…
sin intención de cambiar nada.
Hoy no vamos a buscar motivos para agradecer.
No vamos a repasar la lista de lo bueno.
Vamos a quedarnos aquí.
Lleva la atención a este instante.
A cómo el cuerpo respira solo.
A cómo estás sosteniendo este momento.
Y repite internamente, muy despacio:
—Gracias por este ahora—.
No por lo que fue.
No por lo que vendrá.
Solo por esto.
Si aparece resistencia,
no la rechaces.
Agradécele también su presencia.
La gratitud no es negar el dolor.
Es ampliar el espacio donde el dolor existe.
Quédate unos instantes aquí,
en esta frecuencia suave
donde no hay exigencia de sentirte bien,
—solo permiso para sentir—.
Cuando lo sientas,
inhala profundamente…
y exhala despacio.
Vuelve poco a poco,
llevándote contigo
la certeza de que
este instante,
tal como es,
ya es parte de la vida.
