Como decía nuestro querido Pau Donés en su canción:
Depende todo depende,
del cristal con que se mira, todo depende.
Y así es.
Hay personas a las que no les gusta lo que ven a través de su cristal.
¿Eres una de ellas o conoces a alguien a quien le pase?
Escucha la canción, sigue leyendo y empieza a cuestionar tu realidad.
Porque…
¿Y si pudiésemos cambiar el cristal?
¿Y si nos atreviésemos a mirar un poco más allá de lo que siempre hemos visto?
Mirar no es neutro
No miramos la vida tal como es, sino desde el lugar en el que estamos.
Desde lo vivido, lo aprendido, y lo que nos marcó en la infancia y lo que en algún momento nos protegió.
A veces no nos gusta lo que vemos, pero no porque la realidad sea dura, sino porque el cristal desde el que miramos está empañado.
Cuando no nos gusta lo que vemos
Hay momentos en los que sentimos rechazo hacia lo que aparece ante nosotros.
Personas, situaciones, experiencias.
Y quizá no es eso lo que duele, sino cómo lo estamos interpretando.
Cambiar el cristal no significa negar lo que sentimos, sino permitirnos mirar con más amplitud, con menos rigidez y con más comprensión hacia nosotros mismos.
Cuando el cristal se vuelve rígido
Hay momentos en los que el cristal con el que miramos la vida se vuelve rígido, casi inamovible. Interpretamos lo que sucede siempre de la misma manera y reaccionamos desde patrones conocidos, aunque ya no nos sirvan.
Esa rigidez no aparece por casualidad. Suele formarse a partir de experiencias pasadas que dejaron huella y de aprendizajes que, en su momento, tuvieron una función protectora. El problema surge cuando seguimos mirando el presente con lentes antiguas.
Cuanto más rígido es el cristal, más limitada se vuelve nuestra experiencia. Nos cerramos a otras posibilidades, a nuevas miradas, a comprensiones más amplias. Y sin darnos cuenta, vivimos atrapados en una única forma de interpretar la realidad.
Tomar conciencia de esa rigidez es el primer paso para empezar a aflojarla.
¿Podemos cambiar el cristal con el que miramos?
Cambiar el cristal no es un acto inmediato ni mágico.
Es un proceso suave, consciente, honesto.
Implica detenernos, observarnos y preguntarnos desde dónde estamos mirando.
Implica atrevernos a soltar viejas formas de interpretar la vida que ya no nos sirven.
Cada vez que elegimos mirar con un poco más de conciencia, el cristal se vuelve más transparente.
Y con ello, nuestra experiencia de la realidad también empieza a transformarse.
La forma en que miramos la vida está profundamente relacionada con cómo percibimos y con el mapa mental desde el que interpretamos la realidad.
A veces no es la realidad la que pesa, sino la forma rígida con la que la estamos mirando.
Cuando creemos que solo existe una manera de ver las cosas, nos cerramos a matices, a comprensiones más amplias y a nuevas posibilidades.
Abrir el cristal no significa engañarnos ni negar lo que sentimos, sino permitirnos mirar con más honestidad y menos miedo. Y desde ahí, poco a poco, empezar a relacionarnos con la vida de una forma más flexible, más consciente y más alineada con lo que somos hoy, no con lo que fuimos.
Emoycionesconmar
Gracias.
