Entender las emociones implica algo más que aprender a controlarlas: significa comprender qué son, por qué aparecen y cómo podemos relacionarnos con ellas de forma consciente.
Entonces ¿Qué significa realmente dominar las emociones?
¿Que cuando tengo ganas de llorar, no lloro?
¿O que cuando siento rabia, no grito?
Durante mucho tiempo se ha entendido el dominio emocional como represión. Sin embargo, esta idea está lejos de ayudarnos a vivir con bienestar.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el bienestar emocional:
«Es un estado de ánimo en el cual la persona se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, trabajar productivamente y contribuir a la comunidad».
Esta definición me lleva a pensar que, para poder afrontar las presiones normales de la vida, necesitamos aprender a gestionar nuestras emociones, y no dejarnos arrastrar por ellas cuando aparecen.
¿Qué son las emociones?
Según Daniel Goleman, las emociones son poderosas y aprender a dominarlas forma parte de lo que llamó inteligencia emocional.
El propio Goleman las define así:
“Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución”.
De todas las definiciones sobre las emociones, esta es la que más me gusta, porque nos permite entenderlas como señales de acción.
Las emociones no son buenas ni malas.
La clave está en cómo las gestionamos.
Una mala gestión emocional puede derivar en alteraciones en la salud mental tales como bloqueos mentales o incluso en enfermedades.
Una buena gestión, en cambio, nos conduce a lo que Goleman denomina una buena inteligencia emocional.
Las emociones básicas
A día de hoy, aún queda mucho por aprender sobre la gestión emocional.
Un primer paso fundamental es conocer cuáles son las emociones básicas.
Daniel Goleman, al igual que Paul Ekman, propuso que existen seis emociones básicas:
- Miedo
- Ira
- Tristeza
- Asco
- Sorpresa
- Alegría
De todas ellas, las que con más frecuencia se nos escapan de las manos y generan mayor perturbación ante las adversidades son el miedo, la ira y la tristeza.
Puedes profundizar en ellas en este artículo: Miedo, enfado y tristeza.
Otras emociones como el asco, la sorpresa y la alegría cumplen funciones diferentes en nuestra vida emocional, que puedes explorar aquí: Asco, sorpresa y alegría.
La regulación emocional
Para gestionar adecuadamente las emociones, Goleman habló de una competencia clave:
la regulación emocional.
Esta capacidad implica:
- tomar conciencia de la relación entre emoción, pensamiento y comportamiento
- desarrollar buenas estrategias de afrontamiento
- aprender a autogenerar emociones positivas
Regular una emoción no significa negarla, sino comprenderla y utilizarla de forma adecuada.
Formas de gestionar las emociones
Existen diferentes maneras de gestionar lo que sentimos. No todas nos conducen al aprendizaje ni a la transformación personal.
Aceptación
Consiste en darnos cuenta de la emoción que estamos sintiendo, comprender su mensaje, aprender de ella y aplicarlo a nuestro crecimiento personal.
Evitación o rechazo
Al evitar una emoción, impedimos aprender lo que nos está intentando decir. Como consecuencia, solemos repetir los mismos patrones ante situaciones similares.
Reducción
Intentar sentir menos mediante distracciones puede aliviar momentáneamente, pero no nos lleva a un aprendizaje real ni a una transformación profunda.
Bloqueo
Bloquear una emoción implica sustituirla por otra.
Por ejemplo, hay personas que, tras una experiencia traumática, bloquean el miedo o la tristeza y los transforman en enfado.
Cuando bloqueamos una emoción, todas las demás se ven afectadas.
Si bloqueamos la tristeza, nunca podremos sentir una alegría plena.
Conclusión
La forma más saludable de gestionar las emociones es la aceptación: reconocer el mensaje que traen y decidir conscientemente cómo actuar.
Como afirmó Erich Fromm:
“Cada decisión que tomamos nos transforma en lo que somos, constituye la vida que elegimos y, de ese modo, somos lo que pensamos, lo que elegimos pensar y lo que elegimos hacer”.
Es crucial entender que detrás de cada emoción también hay necesidades emocionales que buscan ser atendidas.
Cuando comenzamos a observar las emociones como señales de acción, podemos entenderlas y gestionarlas de la manera más beneficiosa para nuestro crecimiento, generando con ello emociones más conscientes y constructivas.
Emoycionesconmar
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