Nuestras normas emocionales: cuando el bienestar depende del otro

Las normas emocionales determinan qué tiene que suceder para que sintamos bienestar o sufrimiento en nuestra vida.

¿Qué tiene que suceder para que seas feliz?


¿Qué tiene que ocurrir para que se cumpla un valor importante para ti?

Para que un valor se sienta satisfecho, solemos apoyarnos en lo que llamamos normas o reglas internas.

Mientras que los valores son universales, las normas son personales.

Nuestras normas están influenciadas por nuestra educación, nuestra cultura y nuestras experiencias de vida. Todo ello genera un sistema de creencias que acaba convirtiéndose en las normas que utilizamos para interpretar lo que ocurre y decidir si algo nos produce dolor o placer.

Además, en base a ellas, damos significado a los acontecimientos y emitimos juicios sobre los demás.


Cuando las normas generan sufrimiento

Puede ocurrir que tengamos muchas normas fáciles de cumplir para sentir dolor y, al mismo tiempo, muy pocas y muy difíciles de cumplir para sentir placer.

Por ejemplo:

  • Si no me dice que estoy guapa
  • Si no me besa al verme
  • Si no me dice “te quiero”
  • Si no me abraza
  • Si no me llama todos los días
  • Si hoy no me dice que me ha echado de menos

Entonces… no me quiere.

Y, sin darnos cuenta, entramos en un bucle de dolor constante.

También puede suceder lo contrario:

  • Si me quiere, tiene que salir tres horas antes del trabajo
  • Abandonar una reunión importante
  • Venir a recogerme porque yo soy más importante que todo lo demás

Cuando las normas para sentir placer son tan rígidas, el sufrimiento aparece con facilidad.


Rigidez, juicio y relaciones

En ocasiones, somos muy rígidos para que los demás cumplan nuestras normas, pero no lo somos para cumplir las suyas.

Por ejemplo:

  • Yo puedo levantarte la voz, pero tú a mí no.
  • Me molesta que llegues tarde, pero yo suelo llegar tarde.

Pasamos gran parte de nuestra vida juzgando al otro, esperando que se comporte de una determinada manera para poder sentirnos bien.

Y así, posponemos nuestro bienestar hasta que se cumplan nuestras normas.


Cuestionar nuestras normas

Pregúntate:

  • ¿Cómo son mis normas?
  • ¿Me limitan o me acercan a satisfacer mis valores?

Tomar conciencia de nuestras normas y de los juicios que hacemos desde ellas es el primer paso.

Comunica cuáles son tus normas y, al mismo tiempo, interésate por conocer las del otro.

Cuestiónate:

  • ¿Es verdad que no me quieren porque no me llaman por teléfono?
  • ¿Es verdad que si no me dicen que estoy guapa es porque no les importo?

Flexibilidad y bienestar emocional

Haz una limpieza de aquellas normas que ya no te sirven.


No sigas utilizando reglas que nacieron en experiencias dolorosas del pasado y que hoy sigues aplicando a personas que no tienen nada que ver con aquello que ocurrió.

Permítete normas más flexibles.


Normas en las que tú tengas el control de tu bienestar, y no dependa exclusivamente de los demás.

Como dice la filosofía estoica:

“Concéntrate en lo que puedes controlar, acepta lo que no puedes y cultiva la fuerza interior a través de la sabiduría y la virtud.”

Sé flexible.


La mayoría de las perturbaciones emocionales nacen de una norma interna sobre lo que el otro debería haber dicho o hecho.

Desafía tus normas con curiosidad.


Ahí empieza el crecimiento.


Cuando dejamos de exigir, empezamos a elegir

Las normas emocionales no suelen ser conscientes, pero influyen profundamente en cómo vivimos nuestras relaciones y en el bienestar que experimentamos a diario.

Observarlas con honestidad, cuestionarlas y flexibilizarlas no significa renunciar a nuestros valores, sino aprender a relacionarnos desde un lugar más libre y menos reactivo.

Cuando dejamos de exigir que el mundo cumpla nuestras normas internas, empezamos a recuperar el poder sobre nuestro propio bienestar.

Emoycionesconmar
Gracias